Ponga una dieta en su vida: capítulo 1
Llega el verano, llevo dos semanas de dieta y aún no me he quedado con hambre. Me parece gran cosa rara eso de las verduras en el 90% de los platos, las cinco comidas al día y el sustituir la carne por el pescado azul o blanco. Quizá no os haya pasado, pero cuando llegas a los 93 kilos empiezas a pensar que el hombre, aunque no desciende de la pera, si tiene una cierta tendencia a convertirse en este engendro frutal, al menos físicamente.
Entre mis debilidades, como ya he comentado en este blog, están las de comer bien, o al menos quedarme, como decimos en mi tierra, “a gusto”. Atrás quedan los embutidos de la tierra extremeña que me vió nacer, los macarrones con tomate de mamá, los churros, las raciones de jamón en el Huerta Honda y las copas en La Casa Bar, los dulces, el picoteo… Todas esas debilidades ya han dejado de existir. Aunque, con las constantes cenas y comidas que por motivos de mi curro o del de mi novia suelo acudir, no sé si el endocrino me recibirá en la próxima consulta o simplemente me dará en plena resignación un vale de Family Check.
¿Lo bueno? Para aquellos que estamos a dieta la vida pasa a tener más emoción. Por ejemplo: el pasado fin de semana fui a cenar al VIPS y, debatiéndome entre dilemas morales y ruidos estomacales tuve que sustituir una hamburguesa por un sandwich con salmón ahumado y espárragos. ¿Realmente quería esa hamburguesa pampera argentina de 220 gramos de carne con todos sus complementos, la riquísima salsa y su correspondiente ración de patatas? ¿Tan seguro estaba de ello? Además, mi amiga Mercedes, que la tenía en frente, se había pedido una parecida… Al lado mi novia también tenía una ración de patatas… Mi cabeza me decía que no podía, que la imagen de un corazón bombeando mantequilla en vez de sangre no tenía que ser buena (esta ilustración se la debo a mi novia, nada como un médico para que te expliquen tan gráficamente todo tipo de dolencias).
Hasta el último momento, el estómago, preso de rabia y amenazándome con provocar un cisma con el resto del cuerpo, no se rindió y tuvo que someterse al cerebro: me ví presionado a pedir el sandwich. Es más, incluso me obligó para que no pidiera patatas (“un noruego pero sin patatas, por favor” dije). ¿¿¿Qué hacía yo allí??? Lo mejor de todo es cuando el camarero, siguiendo el instinto natural propia de nuestra especie, me puso a mí la hamburguesa y a mi amiga el sandwich. Pero no, yo era fiel a mis principos y devolví todo a su orden original Acto seguido me vino una duda: ¿¿¿Cuándo me había convertido a la religión de Santiveri???
El caso es que, aunque lo llevo bien y no vivo preso de la báscula, por ahora he perdido sobre 2 kilos. Eso sí, mi trabajo me está costando: planificación de horarios y de la dieta. Ahora me toca cocinar y hasta he tenido que sacar una copia del menú de todos los días en formato tarjeta de crédito para llevarlo en la cartera y acordarme. Y todo ello haciendo ejercicio. “Debe hacer al menos tres horas semanales de actividad deportiva, yo siempre lo recomiendo” La cara que puso el médico no fue de buenos amigos, así que el sometimiento a su dictadura ha sido total. Me lo ha dicho un individuo que no ha vivido el boom de la denominada “fast-food”. ¿Y yo, qué? Hacía mil años que no salía a correr… bueno, lo de salir es una metáfora ya que tengo una cinta de gimnasia en la habitación desde que Gallardón se cargó mi parque y la verdad es que lo de salir salir, no es que salga mucho. El pobre aparato se ha convertido en mi compañero de sufrimientos, pero juntos vamos consiguiendo acabar las sesiones sin morir en el intento.
El objetivo, según mi endocrino, era perder entre “13 y 16 kilos”. ¿¿¿Tanto??? Si a mí no me molestaban, es más, me daban esa… “consistencia” de persona que todos los chicos buscábamos en el instituto. En fín, siguiendo esta demoledora sentencia, ahora sólo tendría que perder entre “11 y 14 kilos”, los cuales no dejan de desagradarme tampoco, pero bueno nos hemos embarcado en esta cruzada así que habrá que apechugar (“para lucir hay que sufrir” dicen algunas). ¿Sabeis lo mejor de todo? Estoy deseando de llegar al peso para tener… como decirlo… un día de “liberación”. Ya os contaré que tal sigue esta novela.
Saludos